El uso del amianto pasó por varias fases. Investigaciones constantes y estudios fueron, con el tiempo, eliminando los riesgos de la actividad y proponiendo soluciones para garantizar la seguridad de todos. Hoy por hoy, los riesgos del crisotilo no constituyen una cuestión de salud pública, sino de salud ocupacional.
Los primeros relatos sobre el amianto son de autoría de un médico inglés, Doctor M. Murray y fueron publicados en 1906. Didácticamente, los estudios sobre el amianto pueden ser agrupados en tres fases:
PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX
En Europa y en los Estados Unidos, gran parte del amianto (hasta un 40%) era usado en la producción y aplicación de productos aislantes, generalmente en la forma de jateamento. Se trataba de productos friables, que provocaron las mayores y más graves exposiciones conocidas de trabajadores. En Brasil, debido a su clima tropical, ese uso y aplicación nunca fueron incentivados. Durante ese periodo, la mayor parte del amianto consumido en los Estados Unidos y Europa era del tipo anfibólio (amianto azul y pardo), en porcentaje por encima de un 20%. En Brasil se utilizó muy poco el anfibólio.
1960
Estudio del epidemiólogo inglés Dr. J. C. Wagner relató 33 casos de mesotelioma, un raro tumor de la pleura, en trabajadores de los yacimientos surafricanos de amianto azul y también en personas que vivían cerca de las áreas de extracción o que transportaban el mineral. Otros estudios se sucedieron, mostrando varios casos de cáncer de pulmón en trabajadores americanos que aplicaban aislantes en barcos.
1964
El Dr. Selikoff presenta nuevos trabajos sobre enfermedades pulmonares relacionadas con el amianto observadas en otros países, como en los Estados Unidos. Estos relatos preocupantes alcanzaron gran repercusión en los medios de comunicación de masa. A ellos se añadió un gran volumen de estudios publicados hasta 1975, relacionando el amianto con cuatro enfermedades principales:
Afecciones benignas de la pleura
Además de las enfermedades referidas, la exposición a las fibras de amianto puede causar algunas alteraciones de la pleura, como áreas de espesamiento, derrames o placas pleurales. Son consideradas benignas porque raramente provocan alguna deficiencia pulmonar, sendo interpretadas solamente como una señal de exposición al amianto. No hay relación con disfunciones o enfermedades pulmonares, como la asbestose y el cáncer.
Asbestose
Enfermedad pulmonar relacionada con la inhalación prolongada de polvo conteniendo alta concentración de fibras de amianto. Las fibras se alojan en los alvéolos pulmonares, y para defenderse, el organismo deposita sobre ellas una proteína semejante a un cemento, que cicatriza el alvéolo e impide que se llene de aire. Ese proceso, repitiéndose a lo largo de los años, puede volver el pulmón fibrosado y sin elasticidad, llevando a dificultades respiratorias.
La asbestose es similar a la silicose, causada por la exposición a la sílica. Clínicamente, no es posible que una persona con asbestose tenga también silicose.
Periodo medio para la aparición de la enfermedad: 15 años.
Cáncer de pulmón
Estudios indican que el riesgo de ese cáncer es mayor entre los fumadores. O sea, el tabaco aliado a la exposición a las fibras constituye un factor de riesgo importante. Nuevas investigaciones demuestran que el riesgo de ese cáncer parece restricto a los trabajadores con evidencia radiológica de asbestose.
Periodo medio para la aparición de la enfermedad: 20 años.
Mesotelioma
Es una forma muy rara de tumor maligno que se desarrolla en el mesotelio (membrana que envuelve el pulmón, el abdomen y sus órganos).
Las fibras con mayor biopersistencia (largas y finas) presentan mayor riesgo para ese tipo de cáncer. Eso explica porque la inmensa mayoría de los casos de mesoteliomas observados en las investigaciones está relacionada con la exposición a los anfibólios (amianto azul o pardo).
Estudios más recientes indican que la incidencia del mesotelioma en la población general en Canadá, en los Estados Unidos y en Inglaterra es de 1 a 6 casos anuales por millón de personas.
El mesotelioma no es una enfermedad que se manifiesta, exclusivamente, en trabajadores de las canteras o industrias de amianto. Esa enfermedad también no tiene relación con el hábito de fumar.
Periodo medio para la aparición de la enfermedad: 30 a 40 años.
En este periodo, las condiciones de trabajo eran muy agresivas a la salud de los trabajadores. Había una intensa exposición al polvo del amianto, principalmente en los yacimientos y en la aplicación por jateamento (spray) de aislantes térmicos en barcos, casas y edificios. Las concentraciones de fibras en el aire, en especial durante el jateamento, eran absurdas cuando comparadas a los patrones actuales, variando de algunos centenares a más de 1.000 fibras/cm³. En Brasil, el límite permitido por la legislación es de, como máximo, 2 fibras/cm³. Pero la “Mina de Cana Brava” y las industrias de fibrocemento, a través del uso controlado y responsable del amianto, trabajan con el límite de 0,3 a 0,1 fibras/cm³.
Alrededor de 1980 fueron desarrolladas medidas para el control del polvo en los lugares de trabajo. Mientras los estudios divulgados entre 1964 y 1975 mencionaban casos de exposición a más de 100 fibras/cm³, los trabajos más recientes mostraban los efectos del polvo con niveles más bajos, de menos de 5 fibras/cm³, cuando ya no se detecta alteraciones pulmonares. Los estudios más recientes garantizan que:
- El amianto sólo puede ser nocivo a un órgano del cuerpo humano: los pulmones. Eso facilitó el desarrollo de métodos de control aún más eficaces.
- Solamente los trabajadores expuestos, por largos periodos, a altas concentraciones de fibras, son parte del grupo de riesgo. Los trabajadores de las industrias que siguen las reglas del uso controlado están totalmente seguros.
- Los casos de enfermedades en la primera fase de los estudios estaban asociados principalmente a la exposición a los anfibólios, tipo de amianto cuya tasa de biopersistencia es alta. Actualmente, sólo el amianto crisotilo es utilizado.
Biopersistencia: tiempo en que una sustancia permanece en el organismo. En el caso del amianto, significa el periodo en que las fibras del mineral permanecen en el organismo. Es ese periodo que confiere al mineral su potencial cancerígeno.
Una orientación determinada por la Comunidad Europea considera que solamente las fibras que presentan biopersistencia superior a 10 días son consideradas cancerígenas. Las distintas composiciones de los varios tipos de amianto determinan su absorción por el organismo. Vea abajo la diferencia entre las tasas de biopersistencia de los amiantos anfibólios y crisotilo.
Amianto anfibólio
El amianto anfibólio, conocido también como amianto azul o pardo, posee alta concentración de hierro (elemento químico no-absorbido por el organismo) y es formado por fibras rígidas, rectas y puntiagudas. La tasa de biopersistencia de esta variación del mineral es de más de un año. Esas características lo vuelven potencialmente cancerígeno y, por esto, su utilización fue prohibida en todo el mundo.
Amianto crisotilo
Ya el amianto crisotilo, utilizado en Brasil y conocido también como amianto blanco, posee en su composición alta concentración de magnesio, que es fácilmente absorbido por el organismo. Sus fibras son curvas, sedosas y sin puntas y su tasa de biopersistencia es de, como máximo, dos días.